Meditando a los pies de un Volcán – Historias del fuego
Costa Rica tiene unos 120 volcanes, pero no llegan a diez los activos, y de estos solo uno arroja lava. Hablamos del Volcán Arenal, un coloso que nos cautivó tan solo con ver sus fotos.
La propuesta del viaje no incluía solo el componente turístico. Más bien nos movían objetivos vinculados con la Energía y la Conciencia. Para ello concebimos un itinerario vinculado a los cuatro elementos de los antiguos, Agua, Fuego, Aire y Tierra. Y por supuesto, el elemento Fuego lo viviríamos en zona de volcanes…
De modo que llegar el Volcán y contemplar sus fuegos era una de nuestros objetivos mas soñados. Siempre digo al hablar de este tema, que este era mi “primer” volcán.
Ahora te contaré algunas cosas de esa visita, pero antes una digresión.
EL I CHING Y EL VOLCAN
Hace unos 30 años que conocí el I Ching, el Libro de las Transformaciones. No fui muy original, pero quedé cautivado – como otros millones de personas – y luego de estudiarlo puedo decir que el libro viaja conmigo a donde quiera que vaya. Así que al llegar ante la mole eruptiva no me extrañó que llegara a mi mente una metáfora de las que puebla el citado libro.
En el I Ching, el milenario libro de sabiduría de los chinos, uno de sus Hexagramas lleva el número 10, según el orden del Rey Wen. Se le conoce como “La Pisada” o “El Porte” (aunque tiene otras traducciones) y viene a cuento por la imagen que maneja. Porque como sabes, a veces una imagen vale más que mil palabras, y eso lo sabían sobradamente los sabios chinos.
Pues la imagen en cuestión es la de un tigre, uno a quien una persona le pisa la cola. Pero el auspicio es muy bueno, a pesar de lo comprometido de la situación. Es como alguien débil que molesta al fuerte, pero este le recibe con muy buen humor. El signo trata entonces de la manera correcta de andar, o de pisar. Se refiere al camino de la vida, claro. Si uno “anda bien”, aun en situaciones difíciles, todo marcha hacia el éxito.
Pues bien, a los pies del Arenal no teníamos dudas de quien era el fuerte, quien era el “tigre”. Pero lo pisamos y no nos mordió. Entonces pudimos ver y apreciar la belleza del tigre, sentir su poder y majestad.
Aunque al principio el pronostico no era muy favorable. El volcán estaba oculto bajo una espesa masa de nubes. Luego lo supimos, fuentes muy confiables nos aseguraron que tal solo el 10% de los visitantes logran ver lo que vimos. Al resto solo le queda la resignación…
LA VISITA
Ese día, el día del Fuego, el grupo presentaba un estado inusual. Por supuesto se trataba de un grupo muy alegre y determinado, uno de esos a los que se celebra pertenecer. Pero ese día había algo especial. Mucha risa, excitación, la voz en alto, el ánimo exteriorizándose sin barreras, mucha energía en circulación y hasta la picaresca que apareció en forma de chistes y bromas que parecían no tener fin. ¿Energía? Pues había de sobra a pesar de la intensa jornada que terminaba. El fuego se sentía en el cuerpo, en el alma. Es que en síntesis eso es el fuego en nosotros, alegría de vivir.
Lo cierto es que no estaba prevista esta visita nocturna que haríamos. Fue un llamado puramente intuitivo el que nos llevó en masa hasta los pies del volcán. De modo que nos organizamos rápidamente para la imprevista visita.
Así llegamos, pisando por primera vez aquellos caminos polvorientos, al mirador desde donde veríamos al coloso vomitar su fuego siguiendo un extraño ritmo.
Un arroyo se deslizaba suavemente entre rocas redondeadas. Luciérnagas tintineaban en medio de una noche estrellada como pocas. Desde arriba la constelación del Escorpión y una luna escasa presidían nuestra visita. El Volcán, ahora visible, no nos defraudó y dejó caer su río de fuego y nos sedujo de inmediato. Todo conspiraba para crear nuestra experiencia soñada. No había nada que hacer, solo contemplar y sentir. Y eso hicimos.
Meditamos a los pies del Volcán. Silencio y contemplación; interna y externamente. Hasta que se diluyó toda idea de separatividad y brilló la unidad.
Llegado el momento regresamos a nuestros aposentos. Nadie dijo una palabra. ¿Qué podía decirse? De alguna manera, todos entendimos los Misterios del Fuego.
EPILOGO
Al otro día regresamos al volcán. Pero algún Houdini lanzó un manto de nubes y lo hizo desaparecer. Densos nubarrones que a modo de cortinas lo ocultaban de las miradas de los extraños. Sentimos que habíamos tenido “suerte”. Aquella noche todavía vibraba en nosotros. Y ahora veíamos a otros viajeros cuyo destino estaba dentro del 90% de los que regresarían sin aquel ansiado contacto.
Elbio Finozzi Zana
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Ayyyy! Elbio. Gracias por hacerme revivir esos momentos que cautivaron mi existencia.
Monserrat
ELBIO, NADIE MEJOR QUE TÚ RELATA NUESTRA MARAVILLOSA EXPERIENCIA QUE HOY LLEGAN A MI CORAZÓN.INFINITAMENTE GRACIAS
Buen post amigo! Me gusta tu pagina !